Esto es un paréntesis en el tema, en la información que acompaña a cada escudo heráldico que presentamos en nuestra seccion de ARCHIVOS, frecuentemente se cita a la Real Chancillería de Valladolid y alguna otra Chancillería.

En el año 1371, el rey Enrique III en las Cortes celebradas en la ciudad de Toro, decidió crear un tribunal intinerante que le acompañara en sus frecuentes viajes por toda Castilla, ya que el monarca no solo tenía que atender la lucha contra los moros, sino que también los problemas surgidos entre y con la nobleza. Así la Chancillería sería el tribunal que solucionara las diferencias y alegatos entre los nobles, quitándole un dolor de cabeza al rey. Luego en 1390 el rey Juan I dispuso que la Chancillería fijara su residencia en la ciudad de Segovia y más tarde el rey Juan II, en 1442, decidió que la Real Chancillería se estableciera permanentemente en la ciudad de Valladolid.

La palabra “Heráldica” viene de Heraldo, como ya antes lo había comentado, en un tiempo el heraldo era el portador de noticias de un señor para sus súbditos, también lo fue el que cuidaba de las armas (escudo de armas) de algún caballero, y ahora ya los Heraldos eran jueces con potestad, por mandato real, para dictar las leyes que regirían los torneos o justas, además de examinar con todo rigor los títulos de nobleza de los caballeros participantes, y también investigar sobre sus escudos de armas para ver si tenían derecho a llevar en ellos determinados motivos heráldicos. Los heraldos además tenían la función de organizar los torneos, así como las ceremonias previas, además de la proclamación de los caballeros que participarían.

g_herstmonceux-2004.jpgEstos torneos se realizaban en ocasión de alguna fiesta solemne, tal como una coronación. Los caballeros combatían a caballo en palenques cercados con madera, en el campo donde se enfrentaban había una valla que los separaba, para evitar que en el enfrentamiento sus cabalgaduras pudieran chocar, el arma que utilizaban era una lanza de madera, acondicionada de tal manera que no hiciera daño, lo que se buscaba era dar un golpe tal al contrincante para derribarlo de su caballo, el que caía se declaraba perdedor, sin que esto hiciera menoscabo en su honor, ya que era una justa entre caballeros.

En ocasiones sucedían accidentes y a veces fatales, tal como el del rey de Francia Enrique II. Durante el torneo en honor de la reina de Escocia, María Estuardo, quien venía a contraer nupcias con el delfín de Francia, el rey Enrique II quiso participar, enfrentándose al Conde de Montgomery, jefe de la guardia escocesa, con tan mala suerte de que la lanza de este al quebrarse entró una astilla por una de las rendijas del casco del monarca, atravesándole el ojo y causándole la muerte, suceso, que si no me equivoco, fue predicho por Nostradamus.

Cada uno de los caballeros participantes tenían su propia tienda de campaña, donde guardaba su armadura y demás accesorios que utilizaba en la lid, a la entrada de su tienda se ponía una lanza con un banderín con las armas de su propietario, además en las gualdrapas (cobertura larga que cubre y adorna las ancas del caballo) de los caballos se ostentaban los blasones del caballero.