avila-murallas.jpgÁVILA DEL REY

ÁVILA Y SUS MURALLAS

De su origen lo único que se conoce con certeza, son sus antecedentes romanos. Antes de esto habría que remontarse a tiempos anteriores a Cristo, con los celtas y la tribus de Arevacos y Vacceos.

De Ávila comienza a hablarse en tiempos del Rey Alfonso VI, cuando este monarca decide repoblarla con gente llegada del Norte. Y se elevan sus murallas, cuya construcción se inició en el año 1090, bajo la bendición del obispo de Oviedo, don Pelayo.

La elevación de sus murallas no dio a la ciudad de Ávila ningún privilegio, este fue dado por otra cosa. Fue un privilegio muy singular, respetado no solo por el reino español, sino también por todo el imperio: esto fue el “Pote de Ávila”.

avila-pote-de-barro.jpgSe trata de una vasija de cobre en forma abombada y cuello corto con una capacidad de media fanega (aproximadamente 27.75 Lts.).

El uso de esta medida fue decretada por las Leyes de Juan II, dadas en Toledo en 1436 y 1438, las de los Reyes Católicos, dadas en Tortosa en 1496 que dice:

“… todo el pan que se hubiera de comprar i vender en todos mis Reinos y Señoríos se medirán por el pote o medida de la Ciudad de Avila que face doce celemines, con lo cual se cotejarán las de otras Ciudades i Villas de nuestros Reinos, iguales a la subsodicha i selladas con el sello de Avila i sean estas medidas de pan, cereales, de piedra o de madera con chapas de hierro i las reciban por i ante escribano i no de otra guisa i cualquiera que con otra medida midiese, salvo el pote de Avila, que por primera vez que le fuera probado, caya e incurra en pena de mil maravedís i le quiebren públicamente la tal medida i se ponga en picota, i la segunda caya e incurra en tres mil maravedís i esté diez días en cadena, i por tercera vez le sea dada pena de falso i en esta pena caya e incurra cualquier carpintero o caldedero, u otro oficial que de otra guisa hiciese medidas de pan i por quitar la ocasión de error i lo dicho mejor se guarde, mandamos i defendemos que de aquí en adelante ningún escribano sea osado de hacer ni recibir contayo ni obligación de censo ni arrendamiento ni por otra causa alguna, salvo por nombre de la dicha medida i pote de la ciudad de Avila”.

Las anteriores leyes tuvieron vigencia hasta el siglo XIX.Ávila cuenta también con ser el lugar donde se encuentra el sepulcro del Príncipe Juan, único hijo varón de los Reyes Católicos. Fue una de las últimas voluntades de la Reina Isabel, el que se labrase una tumba de mármol para su hijo, encargándose de ello al florentino Domenico Di Alessandro Fancelli, quien en 1511 comenzó a dar forma en el alabastro a la figura del príncipe don Juan.

El enfermizo Príncipe se casó con la Princesa Margarita de Austria, hija del emperador Maximiliano I de Habsburgo, que fuera también padre de Felipe el Hermoso, casado a su vez con Doña Juana la Loca, hermana del príncipe Juan, quien heredaría el trono de Isabel.

El sepulcro del Príncipe Juan fue profanado en 1809 y se desconoce el paradero de sus restos.

avila-monasterio-de-sto-tomas.jpgEn una leyenda sobre el Real Monasterio de Santo Tomás, se dice que un judío condenado a muerte por la Inquisición, redimió su pena tallando la sillería del coro. Lo que si es cierto que en el Monasterio residió el Tribunal del Santo Oficio, con su máximo dignatario Torquemda. Según Fray Juan de la Cruz, quien escribió en 1567, este gran personaje, seguidor de judíos a los que envió por docenas a la hoguera era descendiente de “cristianos nuevos”.

Son muchos los nombres con los que se ha distinguido Ávila a través de la historia. “Ávila del Rey”, “Ávila de los Caballeros”, “Ávila de los Leales”, “Ávila de los Alfonsos Madre”.

Ávila es también la cuna de Teresa de Cepeda y Ahumada, quien naciera en 28 de marzo de 1515, Santa Teresa, la monja que recorrió los caminos de Castilla. En este lugar se levanta ahora la iglesia y el convento de las Religiosas Carmelitas Descalzas.

La provincia de Ávila tiene una superficie de 8,046 kilómetros cuadrados y está limitada por las provincias de Valladolid, Toledo, Cáceres, Segovia, Madrid y Salamanca.

Casas blasonadas en Barco de Ávila, recuerdo de una pasada grandeza. Piedras olvidadas del castillo de Valdecorneja y su iglesia románica, Piedrahita, capital del antiguo Señorío, a la sombra del Monte de la Jura, donde el Conde Fernán González venció a los ejércitos musulmanes. Con su palacio del Duque de Alva, donde naciera aquél genio militar. Arévalo, con sus cuatro títulos: Muy leal, Muy Ilustre, Muy Noble, Muy Humanitaria. Torres mudéjares en sus templos y el palacio donde pasó su niñez Isabel la Católica.

avila-madrigal-de-las.jpgMadrigal de las Altas Torres, lugar de nacimiento de la anterior reina Isabel, en el palacio de Juan II. Piedras venerables que encierran en cada una un trozo de la historia de España. Toda la villa es un canto a un pasado glorioso.

En Fontiveros nació San juan de la Cruz y hoy, en el centro de su plaza se levanta la estatua en honor del santo. Toda una época, la Edad Media, se refleja en Ávila y su provincia.

Tierra de próceres orgullosos y altivos, a los que costaba mucho trabajo inclinar la cabeza ante el rey. Ni santa Teresa se encuentra exenta de esta altivez. Se cuenta que en el Monasterio de la Encarnación se le apareció Jesucristo en la escalera principal, quie al verla, le preguntó “Tú ¿quién eres?” a lo que la monja replicó “Yo Teresa de Jesús, ¿y tú?”, “Pues yo –contestó el Salvador- Jesús de Teresa”.

“Esta es tierra de santos y de cantos” se dice que afirmó en cierta ocasión la reina Juana.