Select Page

LÉRIDA

         Es imposible fijar la fecha de la fundación de esta ciudad, sólo se sabe que es una población antiquísima poblada en sus orígenes por pueblos ilergetes. Se supone que comenzó a ser habitada en el período Neolítico.

         lerida-indibil-y-mandonio.jpgAl parecer el nombre original de Iltirda, fue dado por los ilergetes, según atestiguan documentos al respecto y restos arqueológicos. Fue aquí donde los “regulos” o jefes, Indíbil y Mandonio, se enfrentaron a poderío de Roma, organizando una confederación de pueblos del E. de la Península en contra del poder romano. Indíbil Rey de los Ilergetes liado con cartagineses se alzó contra los romanos en la batalla de Cissa en el año 218 a.d.C. donde Cornelio Escipión lo venció y expulsó de sus territorios. Mandonio murió en batalla luchando contra los romanos.

         Las luchas en estas tierras no habían terminado y en el año 49 se dio la derrota del caudillo Pompeyo ante las huestes de Julio Cesar. La paz romana trajo el engrandecimiento de la población, y su nombre original de Iltirna, pasó a ser el de Ilerda, luego obteniendo de Augusto la denominación de Tarraconense. La ciudad fue amurallada y se construyó un puente sobre el río para facilitar el paso de las huestes romanas. Lo que ahora es calle Mayor, en aquel tiempo fue Vía Augusta, bordeada de templos y palacios.

         Tras la dominación visigoda, Lérida fue conquistada por los musulmanes  y durante los siglos IX y X se convirtió en la ciudad principal de la frontera  de Al-Andalus. Su situación geográfica fue la causa de que tuviera que resistir los ataques de las huestes cristianas al mando de los condes de Pallars y Ribagorda. lerida-ramon-de-berengner.jpgDurante el siglo XI Lérida, junto con Fraga se constituyó en reino musulmán independiente, continuamente hostilizado por sus vecinos cristianos, hasta que el conde Ramón de Berengner IV la conquistó en el año 1149, pasando a formar parte de sus dominios catalanes.

         En 1264 el rey Jaime I reguló el régimen local  con el establecimiento del Consejo de la Paheria y posteriormente Jaime II estableció un Estudio General de la ciudad.

          Vino después une época de desastres, iniciada por un período en que el hambre hizo presa de la población, esto en 1333, ante las malas cosechas, con la consecuencia de enfermedades que llevaron a una pavorosa epidemia de peste en 1348, con la secuela del saqueo de la coiraca judía aunado a un sin número de conflictos sociales.

         La paz no llegaba a Lérida, ya que se vio abocada a una guerra civil al apoyar al príncipe Viana en su disputa con su padre Juan II, a quien le reclamaba sus derechos sobre Navarra y Cataluña, lo que trajo como consecuencia que el rey al sentirse vencedor tomó una tremenda represalia contra la ciudad, destrozando monumentos y haciendo demoler las murallas romanas, además de esto hizo demoler  mas de cuatrocientos edificios.

         Era necesaria la reconstrucción, pero Lérida se vio privada de muchos brazos laboriosos debido a la expulsión de los judíos de España que se dio en 1492, agravada la situación aún mas por que pocos años después se  dio la expulsión de los moriscos, lo que trajo problemas en la agricultura. Las catástrofes seguían, en los años 1589 al 1599 se desencadenaron nuevas pestes, al terminar estas siguió la guerra del Segadors,  lo que trajo la intervención de los tercios castellanos que llevaron a cabo una verdadera labor de depredación y para colmo la Naturaleza  intervino originando una pavorosa inundación en 1677.

         Todo lo anterior causó la quiebra del sistema productivo, lo que trajo como consecuencia la despoblación. Durante la guerra de Secesión, Lérida fue partidaria del Archiduque Carlos de Austria por lo que el francés Felipe V, ya rey de España, se vengó en la población, suprimiendo el régimen municipal y el Estudio General. Durante la guerra de Independencia, la Junta Suprema de Cataluña, se instaló en Lérida, por lo que el mariscal Suchet puso sitio a la ciudad, ocupándola.

         En Lérida han quedado huellas de su tormentoso pasado, se pueden apreciar restos de las antiguas fortificaciones construidas en la época romana, conocidas como las murallas de la Trinidad. De la Vía Augusta se conserva una piedra milenaria. Como símbolo del carácter leridano se alzan las magníficas estatuas de Indibil y Mandonio, obra de M. Sanmartí del año 1882 situadas delante del llamado “arco del puente” que da acceso a la ciudad, y como rasgos de su pasado árabe, se alza la Zuda, fortaleza de origen musulmán , considerado el monumento leridano más antiguo, que ya no es el original dado que el rey Jaime I lo reconstruyó en 1213 y 1276, alterando su primitiva construcción al substituir  sus artesonados y cubiertas de madera por bóvedas de piedra.         El callejón del Arco da acceso a las dos plazas que constituyen el verdadero centro de la ciudad, estas son la de la “Paheria” y la de San Juan, a la salida del citado callejón se encuentra la “pilá” del General, obra del siglo XVI que se utilizaba para fijar los bandos que la “Paheria” publicaba. Tratándose de edificios religiosos habremos de mencionar la Catedral vieja, que se comenzó en 1203 para consagrarse en 1278. A consecuencia de la guerra de Secesión la Catedral fue convertida en fortaleza y almacén de armas, en 1918 fue declarada monumento nacional. Su estilo es de transición del románico al gótico. La Catedral nueva fue construida en estilo neoclásico por Sabatini entre los años 1761 y 1781, en su interior aparte de otras obras de arte se encuentra una Biblia del siglo XII.

         Es el Ayuntamiento o Paheria, edificio de estilo románico de fines del siglo XII, en cuyo archivo se conserva el códice de la Constitución, texto de las leyes catalanas de principios del siglo XIV. El Museo Arqueológico, antes denominado Museo de Antigüedades, conserva materiales pertenecientes  a las culturas Paleolítica, Neolítica, Bronce, Hierro, Ibérica, Romana, Visigoda, Paleocristiana y Arábiga.

          Desde la pequeña colina de Gardeny se contempla toda la belleza de la huerta leridana, donde se libró la batalla entre las legiones de Pompeyo y las de Julio Cesar en el año 49 antes de Cristo. Atención aparte merece el sepulcro de Ramón de Tárrega, que vivió en el siglo XIV. Un mausoleo donde se  ven los escudos heráldicos de los Tárrega, coronados por dos leones que sostienen el vaso que contiene las cenizas del difunto.

         El sosiego, la paz y la calma son característicos de la zona de Las Garrigas, en la zona sur de la provincia y más aún. No es lo mismo describir que ver, y Lérida bien merece ser vista.

         Sugiero buscar y leer la historia sobre el conflicto entre Juan II y su hijo Carlos, príncipe de Viana.