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MURCIA

Toda la zona murciana estuvo muy habitada desde tiempos antiguos, sobre todo por los pueblos iberos como lo atestiguan los innumerables restos arqueológicos encontrados. Además de los iberos, en su mitad meridional estuvo habitada por los mastienos y los bastetanos, pueblos que se supone formaban parte del reino de Tartesos.

El verdadero empuje de la región murciana se debió a la penetración cartaginesa que fundó la ciudad de Cartago Nova. La colonización púnica trajo un desarrollo no solo en la agricultura, sino también dio un gran impulso a la minería. Vencidos los cartagineses por los romanos, estos continúan la obra de los primeros, convirtiendo a la región murciana en un centro importante para la difusión de su dominio en la Península.

Por su situación geográfica, España siempre a constituido paso casi obligado de diversos pueblos, por lo que no es de extrañar que Murcia fuera invadida a principios del siglo V por los alanos, pueblo germánico. Hasta que cedieron el sitio a los visigodos. Todos estos acontecimientos repercutieron gravemente en la economía de la zona, provocando el ocaso de la que había sido una de las principales poblaciones romanas, Cartago Nova.

La dominación visigoda fue bastante efímera, debido a la llegada de los bizantinos en el año 554, quienes los expulsaron del territorio.Tras los bizantinos llegó la dominación goda que fue integrada en el reino de Toledo en el año 621, con el nombre de Auriala, fijando su capital en Orihuela, y su gobierno entregado a un conde , de nombre Teodomiro, que rigió la provincia durante el reinado de Witiza, resistiendo el asedio del poder islámico.

Pero una vez muerto Teodomiro, su hijo y sucesor Atanalgildo, fue incapaz de oponerse a las huestes musulmanas, que finalmente ocuparon la rica comarca murciana. La paz no llegó con los árabes, ya que estos se enzarzaron en una serie de luchas intestinas, las que se finalizaron con la intervención militar de Abderramán II.

En la época musulmana Abderramán II (822-852), levantó una plaza fuerte que dio origen a Murcia, y no pasando mucho tiempo se convirtió en ciudad.

murcia-al-mutamid.jpgPero en una época de disturbios que dieron lugar a los famosos “reinos de taifas”, lo que la hizo depender de los almorávides, almohades y finalmente de los Banu Hud, pasando por el espacio en el que ejerció su soberanía sobre Murcia Al Mutamid de Sevilla.Todo esto fue hasta que el infante don Alfonso, hijo de Fernando III de Catsilla, sometió a Murcia en el año 1242, pero su conquista definitiva se dio en 1266 tras la intervención del rey Jaime I de Aragón.

No habían terminado las turbulencias para la ciudad del Segura. Jaime II de Aragón, la conquistó y anexó a su reino, pero la Sentencia Arbitral de Torrelas, la devolvió a Castilla.En el año 1651, una terrible riada del Segura inundó la ciudad causando innumerables daños.La conquista cristiana trajo profundos cambios en la propiedad de la tierra. Los musulmanes fueron los creadores de los canales de regadío y los que forjaron la fértil huerta murciana, además con ellos no se dieron los latifundios, ya que las tierras estaban muy repartidas, con lo que la región se gozó de un gran desarrollo económico.

Conquistada la zona por huestes cristianas, el orden de cosas cambió por completo, yendo las tierras a parar a manos de unos cuantos señores feudales, con lo que se extendió el latifundio como medio predominante de la explotación agraria. Fue la época en que la Orden de Santiago gozó de grandes propiedades, así como el Señorío de Villena, o los Fajardo.

murcia-catedral.jpgEn el orden administrativo Murcia quedó integrada en la Corona de Castilla. Un terrible golpe para la pujanza de la agricultura murciana, fue la expulsión de los moriscos, lo que produjo, ya en el siglo XVI un proceso de despoblación que castigó rudamente a las poblaciones de Lorca, Murcia y Chinchilla. Poco a poco la región fue recobrándose, iniciándose una nueva época de avance agrícola, pero entonces se abatió sobre ella una plaga traducida en la fiebre amarilla de 1804, que causó estragos en la población.

En 1822 se hizo una primera división territorial, quedando las ciudades de Murcia y Albacete como capitales de sus respectivas zonas. Hoy Murcia constituye una región rica y próspera, la expansión de los cultivos de los agrios en su huerta, la introducción de la vid en Jumilla y Yecla y la industria en la zona de Cartagena, son síntomas claros de esta pujanza.

Famosa es su huerta, conocida como la vega del segura: Por lo que se sabe, su perfecto sistema de regadío viene de la época romana, que los árabes convirtieron casi en un arte de explotación agrícola. Debido a su clima templado tienen una gran profusión, en los cultivos de naranjales y limoneros. Por tal motivo la población rural es activísima, derivándose de ella numerosas industrias de conservas vegetales. Contando también con el pimentón y la cosecha sedera. Todo lo anterior contribuye a la elevación del nivel de vida murciano.

Interesante dato es que el habla de Murcia, sin constituir un idioma, posee interesantes detalles. El léxico mantiene no pocas raíces de carácter oriental. En la huerta murciana existe una variedad de habla llamada “panocho”. Lo que se debe a la influencia catalana, árabe y aragonesa, lo que nos reseña la “Crónica de Alfonso X” reza que “por falta de castellanos vinieron a la región muchos catalanes de los que eran venidos a poblar el reino de Valencia”.

Y en tiempos de Jaime II, Murcia tornó a recibir la influencia aragonesa y a esto hay que añadir la enorme tradición árabe, con lo que el cuadro queda completo.Cartagena, antigua Cartago Nova, su puerto, uno de los mapas del “Mare Nostrum” el mar Mediterráneo de los romanos, Alhomada con sus baños y un castillo, por desgracia ya casi en ruinas, restos de un pasado histórico; Iotona, con su iglesia del siglo XVI y el santuario de Santa Eulalia, mudéjar testigo de los feroces ataques musulmanes de las huestes de Yusuff.

murcia-caravaca-de-la-cruz.jpgLorca ciudad monumental con restos que dejaron las luchas durante la Reconquista, con sus casas señoriales, entre las que destaca la de Husso con sus escudos renacentistas y su castillo que bien merece una visita. Mula, de rancio pasado romano, con casas solariegas cuyos venerables muros nos están hablando de una nobleza que combatió contrarios musulmanes en una lucha áspera y sin cuartel. Caravaca, donde la leyenda quiere hacerse realidad, con la versión de que en tiempos de la Reconquista se apareció la Vera Cruz, portada por los ángeles, para que el sacerdote prisionero Chrinos pudiera celebrar una misa ante el caudillo árabe Abu Zeit V, con lo que se dio el milagro de convertir al moro al cristianismo.

Archena, es centro de un balneario, y es interesante saber que siglos atrás, los romanos establecieron allí algo semejante para aprovechar sus aguas termales.Cieza, a la ribera del río Segura, en plena huerta, y Calasparra, también a la vera del Segura, el río que es fuente de los regadíos de la comarca murciana. De su pasado se conservan los restos de un acueducto romano.murcia-castillo-de-jumilla.jpg

Vinos de Jumilla, la villa situada en la falda de un catillo árabe y varias casas solariegas del siglo XVI, y Yecla empinada en lo alto de un cerro, con su correspondiente castillo árabe. Águilas, creada en el siglo XVIII, con restos de fortalezas árabes.

El transcurrir del tiempo y la destrucción no nos ha dejado una Alhambra o una mezquita de Córdoba, pero si nos dejó algo muy valioso: Su maravillosa huerta.