Ladislao Farías Canales

En esta ocasión les doy aconocer un poco de la antigua imprernta, este oficio fué el de mi padre, y todos mis hermanos y yo lo aprendimos y lo desempeñamos en nuestra niñéz y en nuestra juventud. Cuando mi padre se inció en este oficio, este era parte de la modernidad, en cuanto a las herramientas de que se disponía, algunas de las prensas que se impulsaban con un motor eléctrico además tenían un pedal que funcionaba con el mismo mecanismo que las máquinas de coser antiguas, como podrán apreciar en la fotografía mi padre tiene el pié derecho sobre un pedal, con el que se impulsaba la prensa. (la foto es de 1933).

El taller lo adquirió mi padre en el año 1928, en la ciudad de Lampazos, N.L., no se en que año se trasladó a Nueva Rosita, Coah. donde instaló su taller con el nombre de “Imprenta del Comercio”, ciudad en la que conoció a mi madre, donde se casó y donde nací yo. En 1944 se trasladó a H. Matamoros, Tamps., donde instaló nuevamente su taller, ciudad en la que nacieron mis hermanos, donde fué nuestra niñez, nuestra juventud y de donde partimos a otras partes mis hermanos y yo, regresando en los años 80, en ese mismo tiempo el menor de mis hermanos regresó a Cuernavaca y yo a los Estados Unidos, mis padres murieron en Matamoros, él en 1976 y mi  madre en 2007.

Mis hermanos y yo tuvimos imprenta propia en alguna etapa de nuestras  vidas, ahora cada quien tiene otra actividad.

Algo que aún conservo es un viejo periódico que publicó mi padre en Nueva Rosita, el que tituló “El Clarín” este ejemplar está fechado en agosto 24 de 1941.

Además también conservo unos “Tipos Movibles” de madera, que cuando mi padre los adquirió, ya eran usados, por lo que es posible que tengan  sus 100 años. Estas son letras individuales, las que acomodábamos de cabeza en una herramienta llamada “componedor”, la razón por la que iban de cabeza no la se, pero lo que si, se nos facilitaba más leerlas de ese modo. Todas las letras del abecedario y sus signos estaban distribuidas en cajas especiales, que tenían muchas divisiones, una para cada letra. Para ir tomando cada letra de las palabras que teníamos que formar, no necesitábamos fijarnos en el cajetín ni revisar cada letra, lo hacíamos inconsientemente, al tacto nos dábamos cuenta cuando era una letra equivocada.

Aquí agrego una foto donde aparesco yo en la prensa del taller que tuvimos mis cuñados y yo en la ciudad de Monterrey, N. L. en el año 1979.

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