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De la casa infanzona y solariega del apellido Castellanos han hablado antiguos y autorizados cronistas y reyes de armas, asgurando que es de inmemorable antigüedad, honrada siempre con los cargos mas distinguidos al servicio denuestros reyes desde el principio de la gloriosa restauración del reino, existiendo durante  el dominio del islamismo en las montañas de Leon, haciendo frecuentes algaras contra los infieles. Y algunos autores afirman que los primeros hijos de la ilustre casa de Castellanos, que de leon pasaron á Castilla, fueron los que en el año 755 acompañaron al rey Don Alonso II, y obtuvieron privilegio de pobladores de la villa de Sahagun, los cuales eran unos?ilustres caudillos de la sangre real de los godos; y por su mansion en Castilla, dejando el patronímico Gutierrez con que eran conocidos, tomaron el apellido Castellanos, vinculándolo con su nobleza en sus esclarecidos descendientes, que siguieron poseyendo el antiguo y calificado solar de Sahagun con sus feudos, estados y mayorazgos, y fundaron despues otro no menos ilustre en tierra de Campos.
Algunos insignes caballeros de esta casa quedaron heredados, con motivo de las conquistas en que tomaron parte, en el reino de Galicia y valle de Quiroga, de donde salió Rui Castellanos, uno de los heroes mas venturosos en las guerras de Castilla, que despues de haber hecho lucir su valor en la célebre batalla de las Navas, año 1212, se retiró para descansar de sus fatigas en la ciudad de Astorga.
Una linea de este ilustre linage fundó su casa solar en la villa de Albelda, de donde salieron valerosos  guerreros que se hallaron con el rey Don Ramiro I en la celebre batalla de Clavijo, año 844, siendo el sitio del combate un vasto campo de Albelda.
En tiempos no tan remotos encontramos á JuanEstéban Castellanos, que fué canciller mayor del último rey Don Alonso y se distinguió en su servicio, habiéndose hallado en la memorable batalla del Salado, año 1240, con cuyo motivo el referido monarca le dispensó muchas mercedes; á Juan Castellanos de Villalba, que en tiempo de el emperador Carlos V fué obispo de Calahorra,y varon de gran saber y doctrina; á Don Alfonso Gonzalez Castellanos, fundador de la célebre capilla de San Idelfonso en la catedral de Toledo, dotada espléndidamente en el año 1520; capilla que en la actualidad se conserva y es conocida con el nombre de su insigne fundador, siendo patronato de sus descendientes; á Santo Tomás de Villanueva, varon eminente, modelo de todas las virtudes, que dejando al entrar en religion su esclarecido apellido Castellanos, tomó el del pueblo de su nacimiento, Villanueva de los Infantes.
En los antiguos reinos de Valencia y Aragon floreció tambien una rama de este esclarecido linage, pues en las córtes convocadas en la ciudad de Valencia por el rey Don Pedro IV, año 1342, hubo un infanoz que firmó en el estamento de la nobleza de este modo: Signum Jacobi Castellani Donicelli; y en las que habia convocado en Zaragoza el rey Don Alonso I, concurrieron por el estado noble Raimundo y Jacobo Catellanos: De cuyos ilustres próceres era en el siglo XVII legítimo descendiente y sucesor Don Luis de Vilanova, conde de Castellanos y señor de Vicorp.
Y siguiendo el nobilísimo elenco de ilustres varones de este enaltecido linage, encontramos á Antonio Miguel Castellanos, que en 1370 fué uno de los pobladores de Chelva, en el reino de Valencia, á donde pasó del de Aragon; al muy reverendo Blas Castellanos, párroco de la espresada iglesia de Chelva, varon sabio, virtuoso y elocuente, que consumió su gran patrmonio para socorrer a los pobres; al muy venerable  padre Fray Tomás de la Vírgen Castellanos, sobrino de Santo Tomás  de Villanueva y heredero de sus virtudes y santidad, religioso trinitarioque tiene muy adelantada la causa de su beatificacion; á Fray Alfonso Enrique Castellanos y Armendariz, religioso mercedario que pasó á las Indias de vicario y visitador general del reino del Perú; fuéobispo de Sidon, luego de Cuba, y por último de Mechoacan, donde  murió en 1628.
Otra rama de esta preclara familia se estendió en la Mancha, donde fundó un gran mayorazgo en 16 de noviembre de 1538, y edificaron en el monasterio de Santa María de los Llanos la suntuosa capilla que conserva su nombre.
Don Damian Gimenez Castellanos, en 169, era secretario del cabildo de la colegiata de Baza; y Don Guillen Cstellanos, como conquistador y poblador de Guadix, quedó ricamente heredado en el reparto general de las tierras. Don Pedro Antonio Castellanos, hijo de la ilustre casa de su familia en la Mancha, en la que nació año 1480, siendo su padre Don Antonio un poeta muy distinguido y persona demucha valia por  su cargo de maestro de los pages del rey; hallóse en la conquista del Nuevo-Mundo, siendo uno de los valientes y esforzados  capitanes que se quedaron sirviendo en la Habana á las órdenes del gobernador Velazquez. Hízose despues  célebre por su rivalidad con Heran Cortés, y cuando el gobernador de Cuba mandó una espedicion a Costa Firme contra el gran capitan, Castellanos fué uno de los gefes que la mandaron, y la traicion de su gente le acarreó la desgracia de quedar prisionero de su ya declarado enemigo. Conseguida su libertad, fué portador de los pliegos que el gobernador de Cuba mandó al al rey acusando á Cortés, y en esta época resplandeció la nobleza de los Castellanos, pues no tan solo se constituyó en defensor de su enemigo, sino que despues de la muerte de aquel, escribió un elogio de sus distinguidos servicios. Retiróse despues Castellanos á los estados de su madre Doña Mará Losada y Pimentel, en la villa de Solana, donde murió en 1556. Tres hijos suyos, siguiendo sus nobles huellas, sirvieron en el Nuevo-Mundo con valor y bizarría. Don Juan Castellanos, primo del espresado Don Pedro Antonio, fué capitan valerosísimo; sirvió en los tercios que llevó Herna-Cortés á la conquista de Méjico; era hijo de Don Esteban y de Doña?Juana Catsellanos, parientes en tercer grado; el primero originario del solar de Burgos, y la segunda de la casa de la Solana, en la Mancha. Don Juan Castellanos, hijo de esta ilustre rama de su familia, fué a un mismo tiempo valeroso guerrero é insigne cantor de las glorias americanas.
Don Juan Castellanos, distinto al anterior, fué uno de los capitanes que con el general Don Gonzalo Gimenez de Quesada descubrieron  en 1538 el nuevo reino de Granada, como así lo asgura el genealogista Florez de Ocariz en el tom. 1, pág. 67, quien trae los enlaces de esta familia con los Navas, Diaz, Perez, Cortés, Contreras y Morenos, y prueba de ser descendiente de la Solana en la Mancha. Don Antonio Castellanos, hijo del mismo solar de la Mancha, sirvió heróicamente á S. M. en los estados Flandes, ocupando las elevadas dignidades de aquel ejército. Don Diego Ortiz Castellanos, señor de la casa, feudos y estados de su familia en Álbelda, quien se anteponia a su verdadero apellido el de Ortiz por un mayorazgo particular que poseia con este gravámen, en 1638 fué diputado por el estado noble; sirvió al rey en las guerras de Flandes y de Cataluña, habiéndose hallado en el memorable sitio de Barcelona; fué ayudante de campo del serenísimo señor infante cardenal y de Don Juan de Austria, y estuvo casado con una prima suya llamada Doña Catalina, natural de Madrid, é hija de Don Juan Castellanos y de Doña Josefa García, naturales de Solana, en la Mancha. Don Diego Castellanos obtuvo por derecho hereditario el honroso destino de capitan de la Alhambra de Ganada, que ya lo habian desempeñado su padre Don Alfonso y su abuelo Don Agustin. Y Don Diego Castellano y Lamadriz Fernandez de Moreda, fué coronel de los ejércitos de S. M., capitan de sus reales guardias de infantería española y gonernador  militar y político de Castellon de la Plana, donde murió en 15 de agosto de 1743.

CASTELLANOS [Converted]
Las armas de la ilustrísima casa de Castellanos son: Escudo de gules y un castillo de oro aclarado de azur; bordura de plata y ocho leoncitos de gules; en el timbre una cinta que pasa por detrás del capacete, en el cual se lee esta divisa: “Ave María Gratia Plena Dominus Tecum”

Nobiliario de los Reinos y Señoríos de España
Por D. Francisco Piferrer
Tomo III, página 109, Num. 1281
Madrid, 1857.

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