La Princesa y el Caballero

Mar 8, 2010 by

Historia de los inicios del linage Gurowski.

Gurowski. La familia que con el título de conde lleva el apellido Gurowski, desciende de una rama de la raza llamada slava, originaria de la India, y segun opinion de los mas acreditados cronologistas, procedente de los Sármatas, la cual invadio la Europa algunos siglos antes de la era cristiana, ocupando una parte del imperio romano, donde fundaron numerosos pueblos y reinos, entre los  cuales pueden contarse aun hoy Bhoemia, Moravia, Polonia, Rusia mocovita, Cosacos del Don  y otros varios.
Un ilustre personaje dió origen a la casa de los condes de Gurowski, llamados primeramente, Bergen, mas tarde Gurowo y por último Gurowski.
En una de las mas antiguas crónicas heráldicas del pais en que radica esta familia, se dice que a principios del siglo XI, cuando el pueblo slavo no tenia una nobleza organizada, si distinguia a los gefes de sus tribus, los respetaba y depositaba en ellos la autoridad y privilegios patriarcales; uno de dichos gefes, llamado por unos Hotul y por otros Sila Boce, ansioso de aventuras, despues de una larga peregrinacion, pasó a Castilla á ofrecer su servicios en el año 1085, á Alfonso VI, ocupado a la sazon en la guerra contra los moros, que ocupaban gran parte de su reino, y muy particularmente  en el cerco de Toledo. Admitido en las filas castellanas el intrépido gefe slavo, tuvo ocasion de dar á conocer su valor en singulares y multiplicados combates contra los enemigos de la cruz, mereciendo por ello grandes distinciones del monarca castellano; pero como su exaltado arrojo le llevara un dia de batalla al medio de las filas mahometanas, fué hecho prisionero y conducido cautivo a la corte de Córdoba ó Granada.
La crónica continúa diciendo que una de las hijas del rey moro, notable por su belleza, era tan diestra y entendida en el juego de ajedrez, que empezaba á estar en boga entre los árabes, que jactándose de no haber quien pudiera vencerla, propuso á todos los caballeros de la corte de su padre un reto a dicho juego, prometiendo que aquel que la venciera obtendria su mano en recompensa; pero el que fuera vencido recibiria la muerte. Muchos dice que fueron vencidos, sin que hubiera vencedor.
Indignado el rey moro de tanta crueldad de  la parte de su hija, si bien no puso término á su singular diversion, previno que si algun caballero llegase en lo suesivo á obtener el triunfo, le autorizaba para que con el tablero, que era de oro, hiriera a su hija en la cabeza hasta ensangrentarla, con objeto de que por este medio quedase marcada la princesa en recuerdo de su orgullo y crueldad.
Durante este tiempo, el famoso caballero Hotul, como ansiara obtener su libertad y hubiese procurado instruirse suficientemente en el espresado juego, prefiriendo mil veces la muerte al cautiverio, se dirigió á la bella princesa, haciéndola saber de que estaba dispuesto á aceptar el desafío al ajedrez, si asi se lo permitia. Ofendida la hija del rey moro de la osadía del estrangero, ó tal vez deseosa de inmolarle á su bárbaro capricho, mandó que al momento fuese conducido a su presencia. Empezada la partida sin dilacion, despues de un reñido combate, si así puede decirse, Hotul tuvo la satisfaccion de salir victorioso.
sin embargo, muy lejos de querer aprovecharse de la victoria aceptando la mano de su real competidora, no solo la rehusó sino que se negó á emplear la suya para herir á la princesa, como estaba ordenado por el rey su padre, prefiriendo toda clase de castigos antes que manchar su fama de caballero haciendo correr la sangre de una dama.
El rey moro, que con la mayor sinceridad manifestara el deseo de ver a su hija herida y humillada en el caso de ser vencida, se mostró altamente satisfecho del noble proceder del vencedor, su cautivo, y no queriendo aparecer menos generoso, le concedió la libertad.
El mencionado Hotul se estableció en Turstenstein (Silesia) de donde era natural, formando por decirlo así el tronco y primitivo solar de la casa Gurowski.

Fueron las primitivas armas de este linage de Gurowski un escudo jaquelado de oro y negro, colocada sobre él en forma de cimera una princesa negra con el pecho descubierto, rodeada la frente con una venda ensangrentada, y sobre ella una corona real: dicha princesa sostiene con las manos un damero con los esmaltes iguales al escudo, llevando el todo por tenantes dos leones de coronas ducales, dominadas de una cruz, recordando dicho escudo y su cimera el hecho del caballero Hotul ó Sila Boce, que queda referido, y al pié del escudo la divisa Nü desperandum.

Nobiliario de los Reinos y Señoríos de España
Por D. Francisco Piferrer
Tomo II, página 28, Num. 686
Madrid, 1857.

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