PIZAÑO

Pizaño. Génova, la soberbia  Génova, la antigua Genua, después de haber pertenecido sucesivamente á los ligurios, á los romanos, á los herulos, á los ostrogodos, á los exarcas griegos y al emperador Carlo-Magno, se declaró al fin libre é independiente. Rica por su comercio y navegacion; poderosa por sus flotas y por el arrojo y valentía de sus ciudadanos; importante por su posicion entre el bósforo de Tracia y el estrecho de Gibraltar, con uno de los puertos mas seguros y capaces de Europa, Génova se hizo admirar y respetar de los demás pueblos; y a su poderoso ausilio debieron en el siglo XII su restablecimiento en el trono de Constantinopla los emperadores griegos. Agradecidos estos á sus valientes y generosos protectores les cedieron las ciudades de Cafa, Cio, Esmirna, Tenedos y hasta algunos arrabales de la misma Constatinopla, adquiriendo los genoveses con estas importantes posesiones tanta preponderancia en aquellos países, que osaron disputar á la república de Venecia su supremacía en Oriente. Corta fué sin embargo la duración de su pujanza y poderío. El amor á la patria y á la independencia nacional, haciendo  invencibles á los genoveses, fué la gloria de Génova; el amor á la independencia individual, infiltrando en su corazon el mas despótico egoismo, causó su ruina y perdicion. Con las victorias y conquistas creció la ambicion, y cundió entre los genoveses un ardiente anhelo de mando y de dominio; y siendo electiva la primera dignidad del Estado, y accesible por tanto á los mas influyentes y poderosos; estos se disputaban los votos halagando á sus conciudadanos prometiéndoles destinos, riquezas y toda clase de comodidades. De ahí surgieron bandos, partidos, fracciones, rivalidades, motines, disturbios, conmociones políticas y continuas revoluciones, que desgarrando las entrañas de la patria y agotando sus fuerzas en estériles luchas y guerras intestinas. Incapaces entonces los genoveses de gobernarse por si mismos, y mucho menos defenderse contra los ataques de sus enemigos, viéronse en le trance tan duro y aflictivo para un pueblo de tener que implorar proteccion de otros pueblos. Acogiéronse sucesivamente al amparo de Francia, del marques de Monferrat, de los duques de Milan, despues otra vez de Francia, hasta que al fin, Andrés Doria, primer censor de aquella desgraciada república, uniéndose con el emperador Carlos V por los años 1528, la salvó del yugo de los franceses, y le dió una nueva constitucion, quedando desde entonces estrechamente unida con España. No es, pues,  de admirar que vinieron á establecerse en nuestra patria, particularmente en las costas del Mediterráneo, muchas familias nobles de Génova, siendo una de ellas la de Pizaño, cuyas armas son: Escudo de azur y cinco flores de lis de oro, y en la punta ondas de plata y azur.

Nobiliario de los Reinos y Señoríos de España
Por D. Francisco Piferrer
Tomo I, página 178, Num. 526
Madrid, 1857.