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Títulos de Marqués y Conde

castillo-de-villena.jpgDEL TÍTULO DE MARQUÉS

Al título de Marqués le definen las Partidas (Partida 2ª, título I, ley II) como “el señor de alguna tierra que está en comarca del reino”. En Cataluña se les llamó Marqueses a los Gobernadores de la Marca Hispánica, costumbre seguida ppor los Condes de Barcelona.         En Castilla el Marquesado mas antiguo se debe a Don Enrique II, quien en 1336 creó Marqués de Villena, cediéndole la ciudad del mismo nombre, a don Alonso de Aragón, tío carnal del Rey Don Pedro de Aragón.

Don Juan I no dio ningún título de Marqués, su hijo Don Enrique III “el Doliente”, siguiendo el ejemplo de su padre igualmente no dio ningún título de Marqués. Don Juan II solamente creó el Marquesado de Santillana, a favor de don Iñigo López de Mendoza, a quien también hizo Conde del Real de Manzanares. Don Enrique IV concedió los Marquesados de Cádiz, Astorga, Villena y Coria. Los Reyes Católicos concedieron los de Alcañices, Cañete, Cenete, Comares, Moya, Priego, Vélez, Villanueva del Fresno y Villafranca. Don Carlos I creó doce Marqueses; Don Felipe II creó veinticinco; Don Felipe III treinta y uno y Don Felipe IV, creó mas de sesenta.

TÍTULO DE CONDE

Los godos equipararon a los Condes con los gobernadores de territorios. Como timbre aristocrático, es el título más antiguo en España, concedido por los monarcas en los primeros tiempos de la Reconquista, unido siempre a la soberanía de un territorio.         Don Alfonso “el Sabio” nombró Condes de Belmonte a sus primos don Alfonso, don Luis y don Juan. En 1293 confirmó Don Sancho IV el señorío de Santa Eufemia con título de Conde. Don Alfonso X, en 1328, nombró Conde de Trastamara, Lemos y Sarria a su privado don Alvar Núñez Osorio.         El título de Conde se da con preferencia a los demás títulos hasta el siglo XVIII, en que adquiere el de Marqués cierta primacía sobre él.

TÍTULO DE DUQUE

DEL TÍTULO DE DUQUE            maria-josefa-de-la-soledad.jpgDurante la dominación visigoda existieron en España los Ducados de Cantabria, Lusitania, Cartagena y Mérida.

       El de Castilla, Fernán González, en 1029 se apellidaba  Duque de los Castellanos; pero los primeros ducados, considerados como títulos nobiliarios y con carácter hereditario, no aparecen Hasta El reinado de Enrique II, “el de las Mercedes”, que creó Duque de Soria y de Molina, en 1370,  a Beltrán Dugueselin y de Benavente a su hijo natural don Fadrique de Castilla, con lo que pareció dar a entender que tal título solamente debía de darse a un hijo del Rey o a un Capitán que hubiese salvado al reino.

         El ducado de Soria y de Molina revirtió a la Corona en 1375 a cambio de docientas cuarenta mil  doblas.    

  El Ducado de Benavente se canceló cuando el Infante don Faderique murió en prisión por haberse alzado contra su hermano el Rey Don Juan I de Castilla.
          

        El Rey Don Juan I, solo concedió dos Ducados; el de Valencia de Campos, al Infante don Juan de Portugal, hijo del rey Don Pedro y de Doña Inés de Castro (casó este duque con doña Constanza, hermana del Rey de Castilla), y el  Ducado de Peñafiel, creado para su hijo el Infante don Fernando, que mas tarde había de reinar en Aragón, al que anteriormente había hecho Conde de Mayorga.              

        Don Juan II creó los Ducados de Arjona, Galisteo, Medina Sidonia, Trujillo y Villena; Don Enrique IV, creó los Ducados de Alba de Tormes, Alburquerque, Escalona y Huete; los Reyes Católicos, crearon los de Arcos, Béjar, Frías, Infantado, Maqueda, Medinaceli, Nájera y Huéscar; ya en tiempos de Felipe II había veinte grandes de España, que ostentaban el título de Duque.

Título de Príncipe

TÍTULO DE PRÍNCIPE         El título Príncipe era admitido por la ley II, título I, Partida 2ª., pero los reyes españoles lo reservaban para los “príncipes de la sangre”, es decir  para los hijos de los Reyes. El heredero de la Corona, en España ostentaba el título de Príncipe de Asturias desde el reinado de Don Juan I, que se lo concedió a su hijo el Infante Don Enrique, que luego vendría a ser Enrique III. El cual casó con doña Catalina, hija del Duque de Lancaster, quien pretendía a la Corona de Castilla por su mujer Doña Constanza, hija del Rey Don Pedro; con este matrimonio acordado en la paz  de Troncoso, se dio fin a las aspiraciones que al Trono castellano tenía el Duque de Lancaster.

PRINCIPE DE LA PAZA pesar de que los Reyes de España reservaban el título de Príncipe para los herederos de sangre real, si hubo sus excepciones. Una de ellas fue el otorgar el Título de Príncipe de la Paz concedido por el Rey Don Carlos IV a don Manuel Godoy  y Alvarez-Faría, en 3 de septiembre de 1795, como recompensa  y en memoria de la paz que acababa de firmar (la de Basilea), concediéndole además, la propiedad más absoluta  para él, sus hijos y descendientes, del sitio y territorio del Soto de Roma, con todos los edificios y terrenos anexos, y con la obligación de que tanto él como sus descendientes habían de anteponer el título de Príncipe de la Paz al de Duque de la Alcudia. A Godoy le fueron suspendidos todos los títulos y honores en 1808, siéndole rehabilitados por Doña Isabel II en Real decreto de 31 de mayo de 1847, cuando ya  Godoy había cumplido 80 años.

Al tratar  el asunto de Godoy en el Consejo de Ministros, se acordó nombrarle Senador, y al escribir el Ministro Pacheco: “Nómbrese Senador a don Manuel Godoy, Príncipe de la Paz”, le atajó Benavidez diciendo: “Príncipe, no; es un título que no debe prevalecer por nuestras leyes y nuestras tradiciones; en España no hay más Príncipe que el de Asturias; aquél dictado fue hijo de un favoritismo  que España entera reprueba y suena mal en oídos de todo buen patriota. Llamémosle sólo Capitán General del Ejército  y Duque de la Alcudia”.Así fue como desapareció el Título de Príncipe de la Paz. 

El Título de Príncipe de Vergara fue concedido por el Rey Don Amadeo I, el 2 de enero de 1872, a favor del General  don Baldomero Espartero, Duque de la Victoria y Conde de Luchana, con carácter de vitalicio.         Algunas familias Grandes de España ostentaron en pasados siglos diversos Títulos de Príncipe, que no son títulos españoles, lo son de Nápoles, Sicilia o Flandes.

De la Nobleza Titulada

DE LA NOBEZA TITULADA

Durante el reinado de don Alfonso XI, en castilla comienza a introducirse las dignidades de Condes y Duques, como títulos nobiliarios y no como oficios de gobierno, milicia y palacio. El rey don Alfonso XI concedió los condados de Trastamara, Lemus, Alburquerque y Aguilar. El rey Don Enrique II restableció la dignidad de Duque, creando Duque de Benavente a su hijo don Fadrique, y Duque de Trujillo a su valido don Álvaro de Luna.

duque-de-gandia.jpg

El primer Marqués de Castilla fue el maestre de Santiago, don Juan Pacheco, con denominación de Marqués de Villena por gracia concedida por Don Enrique II.

Los títulos de Vizconde y de Barón fueron muy raros en Castilla después de los tiempos feudales, (no siendo así en Aragón y Cataluña), no concediéndose ninguna dignidad de Barón en Castilla con anterioridad al Emperador Don Carlos I. Y aún después (año 1653). Existe en el Archivo Histórico Nacional, en la Sección de Consejos, un asiento de consulta por don León Zurco sobre pretensión de título de Barón, que fue negada “por no concederse dicho título en Castilla”.

Los títulos de Castilla eran liberados desde muy antiguo por la Cámara de Castilla y su Secretaría de Gracia; los de Aragón se liberaron siempre por el Consejo de Aragón hasta el año 1707, cuando este fue suprimido. Los títulos de Castilla siempre fueron personales, y los de Aragón reales, por basarse el título en un territorio o feudo del que fuera poseedor el caballero elevado por el Rey a la categoría de título del Reino. El artículo 24 de la Constitución de 1876, así como el 1º. del Real decreto de 1912, reconocen que “corresponde al Rey conceder Grandezas de España y Títulos del Reino, así como cualesquiera otros honores y distinciones”; pero según este mismo Real decreto de 1912, la Diputación y Grandeza de España había de ser oída en las concesiones de Grandezas y Títulos que no se concediesen para premiar servicios extraordinarios y para rehabilitaciones y sucesiones no directas. También había de ser oído el Consejo de Estado, y en algunos casos excepcionales la Real Academia de la Historia. En España los Títulos nobiliarios fueron suprimidos el 25 de mayo de 1873, por don Nicolás de Salmerón, restableciéndose su uso por Real decreto de 25 de junio de 1874, que reservaba a las Cortes la concesión de nuevos Títulos, que volvió a ser prerrogativa regia el 6 de enero de 1875, y el 1 de junio de 1931, por el Gobierno provisional de la segunda República.

La ley del 4 de mayo y el Decreto del 4 de junio de 1948, restablecen el uso de los Títulos nobiliarios, juntamente con la legislación vigente con anterioridad al 14 de abril de 1931. La ley de 4 de mayo de 1948 reconoce la validez de los títulos Carlistas y de aquellos otorgados por Reyes españoles en territorios que pertenecieron a la Corona de España.

DE LOS HIDALGOS

Volviendo al tema de los Hidalgos, encontré más información acerca de ellos. En primer término, vemos la palabra Hidalgo viene de “Hijosdalgo” que quiere decir “Hijos de algo”, esto significa que sus ascendientes eran distinguidos por sus hechos o posición.            pedro-de-valdivia.jpgEn Castilla, existió una amplia legislación sobre los hidalgos, primero fue el Fuero viejo, conocido  como el “Código de los Hijosdalgo” luego tuvieron el Fuero real, las leyes de Partidas, el Ordenamiento de Alcalá y la Novísima Recopilación.            Según las Partidas, hidalguía es “la nobleza que viene a los hombres por su linaje”. En Castilla, contrariamente a las costumbres francesas, la hidalguía solo se trasmitía por linaje de varón. Los hidalgos eran reconocidos por diversos motivos los más importantes, lo eran los de “solar reconocido”, o de la “casa solariega”, que eran prueba física y de dominio público la importancia de sus ascendientes.            Aquellos que participaron en la reconquista y sobresalieron por sus hechos se les concedió la dignidad de hidalgos, uno de los privilegios que recibía el hidalgo era el de “no pechar”, esto es no pagar tributos a la corona. La gran mayoría de los hidalgos pertenecía a las clases medias,  no podemos decir que la pobreza fuera general en los hidalgos, pero si que no nadaban en la abundancia .            Los hidalgos en el siglo XVII se dividían en tres grupos:            –Los terratenientes de modestos predios que vivían de su hacienda.            –Los hijos de familias arruinadas, o los que recibieron la hidalguía por el número de hijos varones, que terminaban empleándose como labriegos, o declarándose pobres de solemnidad.            –Y finalmente los que huían de la miseria enrolándose en el ejército.            Para fortuna de muchos varones, hubo un medio de alcanzar la hidalguía, este fue tener siete hijos varones seguidos con la esposa legítima, los que tuviera fuera del matrimonio no contaban para esto. Si el varón en cuestión podía probar ante las Chancillerías Reales, que su mujer legítima había parido siete hijos varones seguidos y que el era el padre, con eso bastaba para concedérsele la documentación que lo acreditaba como hidalgo, sin importar su grado de humildad  ni el que fuera  analfabeto, ya con esta dignidad quedaba libre de la carga de los onerosos tributos al Tesoro.            Todo lo anterior explica el por que en España en el siglo XVIII, con una población de apenas nueve millones, existieran seiscientos mil hidalgos. Todo aquel que hidalgo no fuera a nadie podía culpar de no serlo, solo era menester tener una esposa en los mejores años de su vida, y mantenerla en un embarazo permanente hasta  lograr los siete varoncitos, pero… tened en cuenta que las hembras no contaban, quizá de ahí viene el dicho “mala noche y encima parir hija”.            La nobleza de sangre nunca estuvo de acuerdo con este procedimiento para alcanzar la dignidad de hidalgo, el número de estos llagó a ser excesivo, al grado de que en la región de Cantabria se llegó  decir que todos sus habitantes eran hidalgos. La nobleza que esta medida perjudicaba a los intereses de la Corona, ya que con tanto “hidalgo de bragueta”, se veían reducidos los ingresos del Tesoro Real. Lo que los nobles de sangre hicieron fue obstaculizar por cualquier medio el ingreso de estos hidalgos a las Ordenes Militares, además de procurar el enredo en los trámites del “hidalgo braguetero” en las Reales Chancillerías, para que tardaran en solucionarse el reconocimiento de su hidalguía, lo que  a veces tardaba largos años, en los que el interesado, mientras que no fuera reconocido, tenía que seguir pagando sus tributos.            Los hidalgos desaparecieron definitivamente como grupo social en el principio del siglo XIX.  

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