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Busto – Escudo Heráldico

BUSTO

Linaje castellano, muy antiguo y noble, ya que a él pertenecieron los siete infantes de Lara, que fueron hijos de don Gonzalo Bustos y de Sancha Velázquez, nietos del rey Ramiro II de León. Se extendió por toda la Península, enlazando con los más nobles linajes, entre los que se citan a los Marqueses de Cervera, Con Grandeza de España. Una rama pasó a Méjico. Se trata de un linaje que probó repetidas veces su nobleza en las Reales Chancillerías de Valladolid y Granada. Con fecha de 7 de diciembre d 1880 se autorizó a don Andrés del Busto y  López para usar en España el título pontificio de Marqués del Busto.
Armas: Escudo partido de azur y oro con un águila del uno en el otro. Su lema es “Si no soy toda de oro, en lo azul tengo el tesoro”


Borja – Escudo Heráldico

BORJA

Borja.  Condes, marqueses, duques y príncipes; animosos e insignes capitanes; grandes prelados, obispos, arzobispos, cardenales, sumos ponífices, santos; todos los más elevados cargos y las más augustas dignidades; todos los títulos, todos los honores, todas las glorias han resplandecido en la inmortal casa de Borja. Ocho esfrozados y valerosos guerreros del apellido y casa de Borja militaron juntos bajo las gloriosas banderas del ínclito conquistador Don  Jaime I de Aragón. Grande y elevado fué por cierto el rango de Don Pedro de Atarres, nieto del rey Don Ramiro I, dueño y señor de la villa y después ciudad de Borja, y progenitor de la egregia familia de este apellido; pero si cuando llegó al apogeo de su gloria y poderío, cuando por voluntad de los leales aragoneses se vió a punto de sentarse en el trono de Aragón y Navarra hubiese podido contemplar como panorama los futuros destinos de sus descendientes, hubiera visto con asombro que toda su gloria y elevación, que hasta los esplendores del trono a que aspiraba y de que tan cerca estaba, no eran más que los primeros albores de una bella aurora precursora de los brillantes rayos del astro del día. En efecto su nieto Don Alonso de Borja, número VI de los apuntes genealógicos, llegó hasta el solio pontificio, como lo expresa el obispo Calderón en este conciso y expresivo elogio:

“Calixto III, español, natural de Játiva, en Valencia, llamado antes Don Alonso de Borja, hijo de Domingo Borja y Doña Francisca su mujer, personas principales, leyó en la universidad de Lérida, donde fué canónigo, y después de Barcelona; consejero del rey Don Alonso V de Aragón, obispo de Valencia, cardenal presbítero de los Santos Cuatro Coronados; fué electo en 8 de abril de 1455. Puso Guerra al turco; canonizó a San Vicente Ferrer; creó nueve cardenales: falleció en 6 de agosto de 1458″.
Igual gloria cupo a su sobrino Don Rodrigo de Borja, núm. VII, de quien el mismo obispo Calderón hace el siguiente elogio:
“Alejandro VI, español, natural de Játiva, en Valencia, hijo de Jofre de Borja y Doña Isabel, hermana de Calixto III, llamado antes Don Rodrigo de Borja, leyó en Bolonia, obispo cardenal Portuense y de Santa Rufina, decano, fué electo, siendo vice-canciller, en 11 de agosto de 1492. Celebró el jubileo Año Santo: creo 45 cardenales: falleció en 18 de agosto de 1503″
Antes de sentarse en el solio pontificio fué protonotario apostólico y electo obispo de Valencia; vino a España por legado del papa  Sixto IV, y fué recibido en Madrid con palio, dándole la derecha el rey Don Enrique. su hijo Don Pedro Luis de Borja fué prefecto de Roma, capitán general de la Iglesia y 1er. duque de Gandía. Su hijo segundo  Don Juan de Borja fué general de las armas de la Iglesia, condestable de Nápoles, 2o. duque de Gandía, duque de Sesa y príncipe de Teano y Cariñola.
Pero tanta grandeza y esplendor no eran aun suficientes para la casa de Borja; era todavía poco el haber alcanzado por dos veces las llaves de San Pedro; más altos y sublimes eran todavía los destinos que el cielo  le tenía preparados; faltaba a la casa de Borja la aureola de santidad, y vino al mundo el glorioso San Francisco de Borja.
Terminaríamos aquí nuestra reseña, si no tuviese más objeto que manifestar el alto grado de gloria a que llegó la casa de Borja; pero como nuestras tareas son ante todo históricas, citaremos algunos otros egregios hijos de esta casa, los cuales si bien no llegaron a la misma altura que los ya citados, fueron sin embargo dignos émulos suyos en títulos y honores, en nobles hazañas y preclaras virtudes. Don Pedro de Borja, hermano de San Francisco, fué  el último maestre de la órden de Montesa, comendador en la de Calatrava, gobernador de Oran, virrey de Cataluña y primer marqués de Navares. Otro hermano del santo, llamado Don Tomás de Borja, fué obispo de Málaga, arzobispo de Zaragoza y virrey de Aragón. Otro hermano de los anteriores, llamado Don Enrique de Borja, fué cardenal de la S.I.R.  Y Don Alonso de Borja, hermano también de los anteriores, fué abad de Valdinga. Tuvieron como está indicado en los apuntes, núm. IX, cinco hermanas, las cuales casaron todas con principales caballeros a exepción de Doña Juana, que fué monja y primera abadesa de las Descalzas Reales de Madrid, donde falleció en 1559.
Don Gaspar de Borja y Velasco, hijo de Don Francisco, núm. XII, fué arzobispo de Sevilla y de Toledo, cardenal de la S.I.R., consejero de Estado, virrey de Nápoles y presidente del reino de Aragón.
Don Francisco Antonio de Borja, hijo de Don Francisco, núm. XV, fué arzobispo de Burgos; y uno de sus hermanos, llamado Don Carlos, fué caballero de la órden de Alcántara, del consejo de Su Magestad en el Real de las órdenes, capellán y limosnero mayor del rey, arzobispo de Tiro y de Trapisonda, patriarca de las Indias y cardenal presbítero de la S. I. R., título de Santa Pudenciana, creado en 30 de setiembre de 1720 por el sumo pontífice Clemente XI.
Después de tata gloria y explendor de la casa de Borja y de sus egregios hijos, con gusto pasaríamos por alto á César de Borja y a su hermana Lucrecia de Borja, hijos de Don Rodrigo de Borja, habidos antes de su elevación al solio pontificio, y conocidos comunmente en la historia con los nombres de César Borgia y Lucrecia Borgia. No porque tanto César como Lucrecia no recibieran del cielo las más altas prendas y elevadas cualidades, sino porque estas prendas y cualidades fueron deslucidas por graves defectos. Sin embargo, sombras hay en la luna: impiden acaso que sus argentados rayos destruyan y disipen la oscuridad de la noche? Mas aún; hay máculas hasta en el sol:

¿impiden acaso que sea el astro reflugente del día? ¿dejaron por ello de adorarle muchos pueblos antiguos? ¿Y dejamos nosotros de tenerle por el primero y principal de los astros cuyos brillantes y benéficos rayos animan y alientan, iluminan y vivifican toda la tierra?

Las primitivas armas de este ilustrísimo linaje, que más ó menos acrecentadas se conservan todavía en muchas casas de nuestra calificada nobleza, son: Escudo de oro y un toro de gules; bordura de sinople y ocho  brezos de oro.

Nobiliario de los Reinos y Señoríos de España
Por D. Francisco Piferrer
Tomo III, página 101, Num. 1273
Madrid, 1857.



¿impiden acaso que sea el astro reflugente del día? ¿dejaron por ello de adorarle muchos pueblos antiguos? ¿Y dejamos nosotros de tenerle por el primero y principal de los astros cuyos brillantes y benéficos rayos animan y alientan, iluminan y vivifican toda la tierra?

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